Tardes de Verano Soporíferas

Volvió a abrir el Instagram una vez más. “No”, no debía hacerlo. Sabía que si le enviaba una petición de amistad no la aceptaría, o por lo menos lo haría de inmediato como ella tanto ansiaba.

Ella se la enviaría y apagaría rápidamente el móvil. Como si, por el simple hecho, de haberle enviado la dichosa invitación, él pudiera saber si estaba conectada. Conectada esperando como una adolescente hormonada, a que él la viera, a que él aceptara.

Pasaría 10 minutos torturándose. Cogiendo aquella artimaña endemoniada para comunicarse con el mundo que llamaban móvil, y volviendo a abandonarlo sobre la mesa con rapidez, como si quemará. Trataría de engañar a las manecillas del reloj una y otra vez, intercambiando el  móvil por un cigarrillo…. Bueno ahora tendría que intentar el trueque por un chicle, porque ya hacía tiempo que la cajetilla estaba más vacía que su ciudad a mediados de Agosto.

Tras estos 10 minutos de angustioso calvario, cogería el móvil y lo encendería. Se le revolvería la tripa acto seguido que escuchara la melodía de inicio. La pantalla se iluminaría. Volvería lanzar el móvil, con la esperanza de que esta vez consiguiera burlar las leyes de la física y que diese un triple salto mortal en el tiempo. De modo que pudiera recuperar esa invitación, que ahora la veía como la letra pequeña del contrato que no te lees y luego se te clava como la espada de Damocles en la espalda cuando menos te lo esperas.

Se quedaría absorta dos minutos mirando el móvil destripado en el suelo. La batería por un lado. La tarjeta de memoria por otro. “¿Ese pequeño grieta en la pantalla era nueva? Genial ahora tendría algo que le recordaría a él cada vez que cogiera el maldito móvil.” De repente como movida por un resorte saltaría a por el móvil, dejándose llevar por un acto compulsivo, casi bestial, sin que mediase ningún razonamiento propio del intelecto del que hacemos gala los seres humanos.

Y al fin el móvil victorioso se iluminaría encendido. Cargándose la aplicación… Ya hacían 5 horas que le había invitado a “ser su amigo”. Seguro que se habría conectado y la habría visto… Miro con ansia el icono de las noticias en el extremo derecho superior. Nada.

Escondió el móvil bajo la toalla. Se dirigió a la piscina. No, no debía enviarle la invitación.

Días después, en pleno de uno de esos brotes medio esquizo medio oligofrenico, le había enviado la petición. Y ahora esperar…tumblr_ncdejpu2U81tb3o1qo1_500 (1)

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Amarga baja

Subía lentamente, regodeándose en cada esquina, en cada rincón que encontraba. A su paso dejaba un rastro de desolación y destrucción. Dejaba tras de sí un regusto ácido, a las entrañas más profundas. Quién diría que eso mismo fue en un día un montón de mariposas, que se empujaban las unas a las otras ansiosas por salir. Una oleada de maravillosas emociones que iban a concentrase al final de su vientre. Hoy todas esas mariposas se habían convertido en sapos y culebras, hoy eran una amarga bilis que subía por su garganta y la revolvía el estómago.

Cerró la tapa del portátil de un golpe. Tenía que dejar de torturarse con las fotos de él, de un pasado.

 

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Por qué….

Ladeó la cabeza con gracia. Con ese tipo de gracia que todavía es en parte infantil e inocente, pero que ya oculta esa cierta perversa seducción del que empieza a jugar con los placeres de la vida . Parecía ajena a la oleada de sensaciones que despertaba con este simple movimiento, pero en realidad era plenamente consciente de ello. Es más, disfrutaba haciéndolo. Entreabrió los labios lentamente, dejando ver unos perlados colmillos quizás un poco grandes o quizás un poco torcidos.  En un intento de corregir su miopía, entrecerró unos ojos almendrados, hasta hacerlos una pequeña rendija, custodiada por unas largas y oscuras pestañas. Con intensidad y un poco de rabia contenida, se mordió el labio inferior con esos caninos un poco grandes y un poco torcidos.

-¿Qué tenía aquel idiota? ¿Qué tenía aquel idiota para que no se lo pudiera sacar de la cabeza?-.

 

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Y TÚ, ¿DE QUÉ TIENES MIEDO?

EL MIEDO.

El miedo es como el león para la gacela, es el mayor depredador del ser humano del siglo XXI. No debemos sobreestimar el miedo, pues puede convertir al ciudadano más civilizado de la comunidad, en una terrorífica bestia negra de ojos rojos que arrase con todo a su paso, no dejando más que desolación tras de sí. Cuando actuamos bajo el influjo del miedo, nos vemos reducidos a nuestros instintos más primarios. La conciencia o la empatía, de las que el ser humano hace gala, quedan relegadas a un segundo plano. Estamos diseñados genéticamente, como la gacela, a huir, a escapar frenéticamente del león, del miedo. Echar a correr y no mirar atrás.

La jauría humana (1966) dirigida por Arthur Penn y protagonizada por Marlon Brando

Pues todos sabemos lo que le sucede a la gacela que la paraliza el miedo, el terror la invade cada fibra de su fibroso cuerpo de cuadrúpedo y deja de ser dueña de sus patas, de sus movimientos, de sus “pensamientos”. Dejamos de ser dueños de nosotros mismos, de nuestras ideas. Perdemos nuestro turno de movimiento en el juego de la vida. Y es el miedo el que maneja nuestros hilos, como marionetas de cartón piedra cuyos colores están ahora desgastados por el paso del tiempo.

 

Y por ello corremos a todo trapo. Tan rápido que nos vemos obligados a cerrar los ojos para que el viento no nos haga daño, de modo que dejamos a de ser conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor. Y si por alguna fortuita casualidad del destino, nos vemos obligados a frenar y abrir los ojos, nos encontraremos en medio de la selva. Sin darnos cuenta estamos viviendo según la ley de la selva, la ley del más fuerte. Todas las reglas y convenios sociales, que hemos ido construyendo gota a gota de tinta y sudor, han quedado reducidas a menos que cenizas. Reducidas a un débil eco, antiguo como lo son las runas nórdicas, que intenta abrirse camino en nuestras consciencias. Sin lograr ningún resultado.

American Psycho (2000) dirigida por Mary Harron y protagonizada por Christian Bale

En este momento llegamos a otro punto de inflexión en el tablero de la vida. Nos podemos encontrar ante ese prototipo de persona que prefiere volver a cerrar los ojos rápidamente y ponerse una venda lo más tupida posible, a fin de evitar incidentes como este en el futuro. Estos sujetos que vuelven a meter primera y poner pies en polvorosa, son a los que no dudamos en plantarles  la pegatina de “COBARDE” en medio de la frente, en colores llamativos y con luces de neón. Y les vemos alejarse corriendo, otra vez. Vemos como se aleja esa bombilla amarillenta y parpadeante de su cartel de neón, evocando a un espléndido y decadente cabaret parisino, ahora venido a menos, cayéndose a trozos. Nos falta tiempo a todos para salir a criticar a dichos sujetos, a ponerles verdes y mentar a todos sus familiares y ancestros. Sin ser conscientes de que quizás, si nos ponen delante un espejo, es posible que estemos desgañitándonos a gritos e improperios contra nosotros mismos.

Pulp Fiction (1994) dirigida por Quentin Tarantino

Por otro lado tenemos al sujeto que al detenerse y mirar a su alrededor, también se aterroriza y un escalofrío le recorre la espalda. Esta otra ficha del tablero de la vida también cierra los ojos, pero no con rabia y miedo, si no con lentitud, con calma. Respira. Ordena sus ideas, hace esquemas de actuación, hace listas, recalcula… Y esta vez, vuelve abrir los ojos, ahora sí con energía, con decisión. Está decidido a enfrentarse a ese miedo, a ganarle y librarse de los grilletes que le puso en el pasado. Vuelve a ser consciente de que la vida ya pasa demasiado deprisa como para encima ir corriendo. No hay prisas. Que el fin no justifica los medios, pues esta máxima lo único que hace es dejar restos de lo que antes eran seres humanos, que poco a poco va consumiéndote a ti también. Este individuo es el que se detiene en medio del camino. Se detiene en la encrucijada a decidir qué camino tomar, en vez de seguir frenéticamente hacia delante sin plantearse ni cuestionarse nada. Se fija y es capaz de disfrutar de esos pequeños detalles, que normalmente nos pasan desapercibidos a los llevamos la tupida y ennegrecida venda aun atada a los ojos. A este otro sujeto, rápidamente, le colocamos todos la etiqueta de “filósofo”, “vividor”…. Y la bilis de envidia nos corroe las entrañas, pues en el fondo quisiéramos poder disfrutar de la vida y librarnos del miedo del mismo modo que él lo hizo.

Thelma y Louise (1991) dirigida por Ridley Scott

Pero no nos engañemos. Si no lo hemos hecho, es poque esto no es siempre es tan fácil. Si se llaman instintos primarios será por algo. Pero, ¿esto es una excusa para tirar la toalla y dejar de intentarlo? El ser humano, que siempre anda alardeando de su posición en la escala evolutiva, que si nos diferenciamos de los animales por este motivo o por este otro, y luego se convierte en el peor de los depredadores. ¿Qué tipo de gacela quieres ser? ¿La que se convierte en león y muerde a la de delante para poder seguir avanzando? ¿La que actúa con reflexión y sabe que si no es colaborando con la manada, lo más seguro es que el león la atrape? ¿Despertarse mañana y no saber por qué estas donde estás, y flagelarte con lo que has hecho para “sobrevivir” hasta ese punto? ¿Vas a dejar que los dados decidan tu próximo movimiento o serás dueño de tu propio recorrido en la vida?

El diablo sobre ruedas (1971) dirigida por Steven Spielberg

No sobrestimes al miedo, no dejes que te domine. Y terminamos haciendo un guiño a la Guerra de las Galaxias, con esa frase que todos conocemos pero que muchas veces olvidamos.

 

“El miedo lleva a la ira,

 

 la ira lleva al odio, 

 

el odio lleva al sufrimiento… … 

 

y el sufrimiento lleva al lado oscuro”

Fdo. Un desastre con Patas

 

Condenados al “The End” desde el principio

Y ENTONCES SE DIO CUENTA, TODO EN ESTA VIDA ERA EFÍMERO…

Hasta la más presuntuosa y bella flor del jardín, no lo sería eternamente. Pronto se marchitaría, perdería sus orgullosos colores, sus inspiradores olores y se deshojaría lentamente. El tiempo y los vendavales, mano a mano, la irían despojando de sus preciados pétalos. Como la meretriz, que se ve obligada a quitarse el raído camisón de seda una vez más para su próximo cliente, quedando expuestos sus defectos humanos, quedando expuesto para ser juzgados.

Moulin Rouge! dirigida por Baz Luhrmann, interpretada por Nicole Kidman y Ewan McGregor

Y si todo era efímero, si todo tenía un final, un “The End” o un punto y final; entonces qué sentido tenían frases cómo  “para siempre, lo prometo”, “for ever and ever”, “eternamente tuyo”. Por qué, en nuestra condición de ser humano, nos vemos obligados a atar a las personas y objetos. Ha atarlos con cuatro nudos marineros, el candado de los chinos y hasta con el super glue, ese que anuncian con un tío que utilizándolo consigue pegarse a la pared

Se me ocurren varias teorías que podrían llegar a intentar explicar esa tendencia,  este comportamiento pasivo agresivo. La teoría del aprendizaje social de Rotter, nos habla del “locus de control”, término que  hace referencia a la percepción que tiene una persona acerca de dónde se localiza el agente causal de los acontecimientos de su vida cotidiana. De este modo, podemos hablar de personas cuyo locus es externo, personas que se definen por el mundo que las rodea. Estos sujetos si pierden a las personas que frecuentan su vida, su casa, sus muebles, su trabajo… dejan de definirse como sujeto con una personalidad. Pierden la autoimagen que han ido formándose de sí mismos, pieza a pieza. Es entendible que estas personas se esfuercen en atar a sus allegados por todos los medios posibles, pues la idea de que tu percepción como persona dependa de algo tan volátil e impredecible como es una relación, resulta terriblemente terrorífica.

Pero, y aquellos con un locus interno, por qué también se empeñan en mantener encadenadas a las personas, como quien ata al perrillo a la caseta, no vaya a ser que se escape. Obviamente si el perro se escapara, no se convertirían en un cuerpo sin personalidad, que es el aire lo insufla de vida y voluntad. Pero imagínate el palo que es quedarte sin tu querido perrito, admitámoslo es un mal trago. En este caso, me puedo atrever a aventurar que se trata de un simple vestigio de nuestro pasado como animales salvajes, algo así como viene a ser el apéndice para el colon.

Julian Rotter, 1966

Me explico.  Cuando no éramos más que simples primates, que practicábamos a dar vacilantes pasos mientras permanecíamos erguidos, puede que no supiéramos que era todo aquello del fuego o la rueda, pero ya teníamos claro aquel que se quedara solo no sobreviviría por mucho tiempo. Que la manada era importante, que debíamos permanecer juntos. Podría incluso rizar el rizo, y decir que esta tendencia ya podíamos contarla entre nuestro repertorio de conductas cuando éramos núcleos atómicos, que atraían hacia ellos nubes de electrones.

 

Olvidemos por un momento, que toda esta avidez de atraer partículas hacia nosotros acabó en una gran y devastadora implosión. Entiendo a estas inestables partículas atómicas. Y es que, quién quiere acabar como la viejecilla que encontraron muerta en su domicilio devorada por sus gatos. Yo también ignoraría la advertencia, yo también me arriesgaría a una posible implosión.

No nos olvidemos de aquellos llamados “los coleccionistas”. Por qué esa enfermiza compulsión a coleccionar sellos, cromos, cd´s, personas… Qué necesidad hay de mantener todo atado a tu persona. Cuando muchas de estas personas, una vez archivado su nuevo elemento de la colección,  cierran el cajón y tiran la llave, y no vuelven a disfrutar nunca más él.

 

¿Y la belleza de lo efímero? Dónde la hemos dejado, dónde la perdimos. El aleteo de una mariposa. Esa canción de la que conoces cuando son las últimas estrofas y las cantas con toda tu pasión cuando suenan en la radio. El libro que cierras al llegar a la última hoja y retienes unos segundo entre tus manos, saboreando esos últimos instantes con sus personajes. Y es que, ¿no es bonito ver a la flor florecer, para luego ser condenada a marchitarse? Trágico sí, pero bello. Los romances más evocados de la historia tiene un final trágico, pero quién no conoce a Otelo y Desdémona, Romeo y Julieta, Tristán e Isolda…

Théodore Chasseriau ,Romeo y Julieta , segunda mitad XIX, Museo del Louvre, París

Muchas de las estrellas que vemos al levantar la vista en la noche ya no existen. Son supernovas que ya se han apagado hace mucho mucho tiempo, y aún nos llega a nosotros su luz desde el otro lado del universo. Y desde el inicio de los tiempos, todos nos hemos maravillado ante un cielo cuajado de estrellas. Estamos viendo la estela de algo que ya no existe, que se acabó, se terminó; y aún así sigue siendo hermoso. Aún así, seguimos levantando la mirada para poder verlas.

Van Gogh: Noche estrellada sobre el Ródano
<<Te contaré un secreto, algo que no se enseña en tu templo. Los dioses nos envidian. Nos envidian porque somos mortales, porque cada instante nuestro podría ser el último, todo es más hermoso porque hay un final. Nunca serás más bella de lo que eres ahora, nunca volveremos a estar aquí…>>
 
Fdo. Un Desastre Con Patas

ASPIRANDO AL SIN SENTIDO, EN EL MÁS ESTRICTO DE LOS SENTIDOS

La vida debería ser incoherencia absoluta. Un cóctel del cubismo de Picasso, el realismo de Velázquez y el surrealismo de Dalí: en el que las meninas, fraccionadas en mil perspectivas, trataran de sujetar escurridizos relojes. Sorpréndete a ti mismo, que tu objetivo sea desconcertarte y mantenerte siempre atento a cuál será tu próximo movimiento. No aspires a que el resto te comprenda, no te comprendas ni a ti mismo. Albert Einstein decía: “loco es aquel que haciendo siempre lo mismo, esperar resultados distintos”. Haz locuras siendo el más cuerdo del manicomio.

“Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco” dirigida por Milos Forman

Estudia Medicina, Físicas, Matemáticas…..y cuélate en las clases de Filología, Filosofía y Arte. Pinta, canta, baila, lee… cálzate las zapatillas, enciende el cronómetro y vete a correr la maratón o tírate en paracaídas. Enciérrate un fin de semana a estudiar para ese examen imposible, y al siguiente plántate en el aeropuerto y coge el primer vuelo que veas en la pantalla. Sal de fiesta, emborráchate, salta, grita, acuéstate con un desconocido, que te quiten el carnet por coger el coche…..al día siguiente, ve a misa, medita de la fugacidad de la vida, disfruta de la comida familiar y de jugar con tus primos a los superhéroes/ las princesas como si fueras un niño más.

“La Dolce Vita” dirigida por Federico Fellini

Ponte triste y llora, y a continuación ríe hasta que acabes llorando de la risa. Roba la baratija aquella de los chinos y devuelve la cartera que encontraste en el metro el otro día. Enamórate, desenamórate, no te ates a nadie y promete la eternidad. Grita por la calle, súbete por los tejados, abre aquellas puertas con un cartel de prohibido el paso. Pide permiso, da las gracias…. tomate confianzas y se un poco egoísta. Experimenta.  Se feliz y se infeliz. Hínchate a comer chocolate y vive a base de ensaladas y demás cosas verdes. Llega tan pronto que tengas que esperar mirando cómo la gente pasa por delante de ti…. la próxima vez llegarás tan tarde que ya no quedará nadie. Pierde las cosas. Vete de casa sin hacer ni la cama y al día siguiente ordenar hasta el cajón de los cubiertos.  Planea la mayor americanada que se te ocurra…..investiga sobre la simbología de la ancestral cultura oriental o cuáles son los pilares de la sociedad occidental. Ponte metas imposibles y fracasa. Viaja a todos los rincones del mundo.

“El Lobo De Wall Street” dirigida por Martin Scorsese

 

No pienses demasiado las cosas. Céntrate en exprimir al máximo cada segundo. Descubre algo nuevo cada día. Sorpréndete de las cosas más simples y mundanas. Aprende los mecanismos más complicados que forman el engranaje de nuestro mundo, de nuestra sociedad… Hoy no le busques los tres pies al gato, y mañana empéñate en que tenga hasta diez patas el gato de las narices.

“Alabama Monroe” dirigida por Felix Van Groeninge

Debes poder sentarte, a los ciento y pico años, en el porche de tu casa, en la otra punta del mundo donde naciste, con una vaso de ginebra en la mano en una mecedora viendo como anochece. Cerrar los ojos, llenar los pulmones de aroma del atardecer…. y ser consciente de que no te dejas nada por hacer o por probar. Sentirte satisfecho. Recuerda, solo se vive una vez. No lo desaproveches buscando la coherencia. Enloquece de vez en cuando.

William Bonney conocido como Billy the Kid

Fdo. Un Desastre Con Patas

El Beso y la maravillosa pseudorealidad del cine

EL BESO DE CINE (EN EL CINE)

Me declaro cinéfila empedernida, sin posibilidad de curación. Y es que, no se me ocurre mejor plan que una tarde en el sofá, la luces apagadas y una buena película sonando en la pantalla. Soy, y seré, de esos extraños seres que a día de hoy aún siguen pagando la entrada del cine para ver esa película que acaban de estrenar. O de las que se compran el DVD en edición especial, limitada, remasterizada…. (sí, esa que viene en una cajita de metal toda ella muy colorida, que más inútil no puede ser a decir verdad), por el simple postureo de poder mirar luego la estantería de tu casa y verla repleta de las grandes obras del cine.
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Los Simpsons, ya uno más de la familia
Y esta pasión por el cine, en mayor o menor medida la compartimos todos (o casi todos….. no me voy a arriesgar a enunciar el axioma “A todo hijo de vecino le apasiona el cine”, porque en ese caso,  bajaría rápidamente mi vecino a contradecirme….. y es que en esta vida basta que digas algo, para que de un plumazo te demuestren lo equivocado que estabas). Bueno, que empiezo a divagar y me voy de tema al más puro estilo Woddy Allen.
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Manhattan es una película dirigida y protagonizada por Woody Allen
Si todos disfrutamos viendo una película de tal tema o tal otro tipo, es por un motivo tan simple como la búsqueda de la evasión a realidad en que nos vemos sumergidos. Nos permiten vivir aventuras desde la seguridad de nuestro santo sillón: podemos ser el más temerario de los agentes del Servicio Británico, la más enigmática de todas las Mujercitas, vivir un amor de vacaciones en Roma, comenzar tus patrullas como policía junto a Denzel Washington, o formarnos como magos en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería…..
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Training Day directed by Antoine Fuqua
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Winona Ryder como Josephine
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The first James Bond film: Dr. No, starring Sean Connery
El cine nos permite adquirir un montón de roles, tomar decisiones y formarnos ideales y marcarnos aspiraciones. Una de las características del ser humano, que nos define como tal desde el principio de los tiempos, es contarnos historias los unos a los otros. Historias que pasan de generación a generación, y que todas tienen como objetivo enseñar algo. Enseñar una idea, un valor…. a fin de mejorar nuestra sociedad. O lo que en ese momento se entienda que es mejorar nuestra sociedad (cosa que es increíble como cambia en el tiempo y desde la perspectiva que lo mires… nunca digas nunca, porque te sorprenderás a ti mismo diciendo mañana lo contrario) pero mejor, no entremos hoy en ese tema, porque eso sí que sería perderse por los Cerros de Úbeda.
Atardecer en los Cerros de Úbeda, municipio de la provincia de Jaén
El tema que quería retratar, remarcar, pincelar… hoy, es el daño que hace el cine. En concreto el daño que ha hecho, hace y hará con su típica escena de “EL BESO”. Y es que, ¿quién nunca ha imaginado el momento de ese primer beso con esa persona como la mejor de las escenas de amor del cine?. Y en nuestras febriles elucubraciones, Audrey Hepburn y  George Peppard bajo la lluvia en Desayuno con Diamantes en comparación con nosotros, serían los amantes más insulsos de este universo. Existen numerosas películas con increíbles románticas y dulces escenas, empalagosas hasta decir basta, que proyectamos en nuestra persona.
Breakfast at Tiffany’s (film), the 1961 film adaptation of the novella, directed by Blake Edwards

 

Creo que la mejor forma de defender con capa y espada mi alegato es el siguiente vídeo :

Y señores y señoras lamento informales, que por nuestra condición de ser humano imperfecto aún inmerso en un pseudo-evolucionismo a base de mutaciones aleatorias, ni el más cafre y sociópata de nosotros puede escapar a esto.

 

Fdo. Un Desastre Con Patas

Y POR LLEVAR LA CONTRARIA, YO EMPIEZO DESPIDIENDOME

¿Locura transitoria o permanente?

Se supone que debería empezar con un “¡Buenos días!” “Gracias por pasarse por aquí” o “Espero que disfrute el contenido de este blog”…. O por lo menos, así es como la mayoría dan inicio a lo que serán un montón de entradas algunas maravillosas y otras abominables, algunas filosóficas y otras absurdas.

Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué debemos empezar presentándonos? ¿Dónde queda la magia del misterio, aquello de dejar las cosas a la imaginación? ¿Quién fue el bajito y de voz chillona Führer que decidió que la mejor forma de darse a conocer es con un “Hola, este soy yo, de tal y cual manera, pero no de aquella….. No se vaya a quejar luego, que quien avisa no es traidor”.

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“El gran dictador” de Chaplin

Y es que, ¿no sería mucho más romántico y barroco ir conociéndose poco a poco? Cada día descubrir una pequeña pieza de alma, que nos maraville o que nos repugne y nos haga ir corriendo a “clickar” sobre la cruz roja de la derecha que cierre la ventana.  ¿Hemos olvidado la sensualidad de descubrirse la muñeca a lo Rita Hayworth, por calzarnos minifaldas que envidian a cinturones por tener más tela?

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Rita Hayworth en “Hilda”

Se dice que la felicidad está en las pequeñas cosas, pero si nos ponemos a correr y queremos descubrirlas todas de golpe y porrazo, la vida se queda sin un objetivo. Se volverá repetitiva y tediosa, un día tras otro en la rutina, como algo sin sal o un día sin chocolate…… Y viviremos en una espiral de  rutinas, en la seremos zarandeados de un lugar a otro, siempre anestesiados, pasando por la vida como esos zombis que son ahora tan famosos de la serie The Walking Dead.

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“The Walking Dead”

Siempre habrá alguno, no sé si pobre desgraciado o afortunado, que un día de especial lucidez el despertador le despierte del coma, con esa psicótica  estridente melodía, que solo escucharla te transmite instintos de serial killer….. Y este desgraciado/ afortunado, rodando en la cama para poder taparse hasta la cabeza, será consciente de que ha llegado hasta ese mismo instante sin saber muy bien cómo o por qué……. Y lo más importante, ¿para qué? ¿Qué es lo siguiente? ¿A dónde se supone que va todo esto? ¿Cuál es el siguiente paso a dar y por qué demonios se supone que debe darlo?

Y será entonces cuando le inunde una sensación de opresión en el pecho, como si todo el universo hubiera decidido sentarse a descansar sobre él…. le costará respirar, el pulso se le acelerará. Podrá sentir el latido de su corazón en las sienes, recordándole que sigue vivo, que el mundo sigue girando a toda leche, y que no se van a parar las cosas para que él pueda coger aire, cerrar los ojos y volver a subirse a la vida. Llegados a este punto, con suerte la falta de oxígeno y la retención de dióxido de carbono habrán cumplido con su tare. Y el sujeto en cuestión, habrá ido perdiendo lentamente la conciencia, volviendo a entrar en un dulce y plácido sueño. Sueño del que volverá a ser arrancado por ese maléfico despertador. Despertador que volverá entonar su retorcido himno a la locura diaria, a la rutina, a la vida planificada al milímetro, a los horarios y objetivos, a los codazos y pisotones para llegar a una “meta” fantasmagórica y no objetivable (que en nuestro interior sabemos que es inalcanzable),a una felicidad fingida y aprendida…

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“El Homiguero”. Hora punta en una de las estaciones de metro de Shanghai, por de Carlos de la Rúa, un fotógrafo español.

Pues bien señores lectores, a partir de este instante me niego a ser ese eslabón en la cadena de montaje que es la sociedad. Me declaro como esa pieza que siempre te queda al final de terminar de montar la estantería sueca de IKEA ,  esa pieza que no sabes qué hacer con ella: si guardarla para ver si más tarde descubres dónde encaja, o tirarla y no volver a preocuparte por ella.

Mi último acto como play mobile manejado a su antojo por unas manos regordetas ajenas a sí mismo, será aclararles y confirmarles, a gritos, desgañitándome, tirándome de los pelos, dando saltos y rodando por los suelos, que no les diré qué es lo que van a poder encontrar en esta ventana al caos que es mi interior. De este modo, comienzo el blog con una despedida:

<< Queridos y amados lectores, todo lo que empieza debe terminar algún día, a por lo menos eso es lo que se comenta junto a la maquina del café en los descansos (quien sabe a lo mejor solo son chismorreos de maruja cuarentona….). Por si acaso yo me despido, no vaya a ser que me pille el final a medio vestir y con el café aún enfriándose….. Espero que hayan disfrutado con la serie de catastróficas desdichas que zarandean y vapulean mi mente, espero que hayan sido capaces de naufragar conmigo por los distintos derroteros a los que nos lleva la vida, espero que no hayan horrorizado con la forma de destripar la realidad al más puro estilo british de Jack, con el objetivo de sacarle al mundo hasta la última gota de su a veces dulce, a veces ácido jugo…. En caso de que alguno de ustedes haya encontrado algún atisbo de cordura a toda esta sarta de desvaríos, les ruego que se pongan en contacto conmigo. Y acto seguido, se dirijan al sanatorio mental más próximo a su hogar;  porque amigo, necesita atención psiquiátrica urgente. Y no es broma. >>

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“Alguien voló sobre el nido del cuco” dirigida por Milos Forman

Fdo. Un Desastre Con Patas